El título de este escrito hará pensar al lector atento, si el propósito del Arte es conocer o interpretar una obra, ya sea pintura, literatura, música o cualquier otra actividad artística. Pero, no es el conocimiento lo que se trata de valorar en este espacio; más bien es responder sencillamente a una de las muchas preguntas que el numeroso público ajeno a él, se elabora. ¿Para qué me sirve el Arte? ¿Qué gano yo con acudir a un concierto, visitar un museo o leer un libro?

El Arte no es solo recreación, también nos reconforta escuchar una agradable música, observar el colorido y líneas de una pintura o leer un interesante cuento o poema. El Arte nos contacta con nuestras emociones, nuestras vivencias pasadas y sueños futuros. Nos permite disfrutar, reír o llorar. No es un entretenimiento para huir del aburrimiento y, tampoco es un conocimiento para presumir nuestra gran cultura.

El escritor, el musico o el pintor con su obra, no solo trata de ganarse la vida, sino también, aproximarse al público y hacer “clic” con sus emociones; y es en esta aventura donde se realiza la magia. Momento en el cual, nosotros los espectadores o lectores olvidamos nuestra realidad y nos entrelazamos milagrosamente formando parte del personaje de una narración, o sentir el vibrar de nuestro ser con las cuerdas de un violín o las teclas de una marimba.

Hay un poder oculto en el Arte que de una manera inexplicable nos acerca a un mundo maravilloso de vaivén, de armonía entre lo externo e interno, produciendo en la mayoría de los casos un resultado grato. Disfrutar del Arte es como disfrutar de una puesta de sol, de un amanecer distante, de un bello paisaje o del trino de las aves.

Me aventuro a decir entonces, que el Arte forma parte de nuestra vida diaria y de nuestro crecimiento personal como seres humanos. Tanta belleza no es solo para unos cuantos. El Arte es tan poderoso que existe por sí mismo con la capacidad de tocarnos aun siendo ciegos o sordos. Está en movimiento constante y es efímero como nuestra propia vida; aparece para reconciliarnos con nosotros mismos. ¡Acerquémonos a él!