“Cuando hablar de género sea totalmente irrelevante”.
Elisa Queijeiro

“Me interesa de forma silvestre y salvaje el ser humano:
su luz y su sombra, su lucha y pensamiento,
por eso estudio hambrienta el arte y al artista”.
Elisa Queijeiro

La autora mexicana nos habló, por medio de una entrevista telefónica, sobre Eva y Lilith a la luz de la presentación en Austin, Texas de su nuevo libro “Las hijas de Eva y Lilith”. Austin es la primera ciudad de los Estados Unidos en la que se presenta la obra. Queijeiro comparte en sus páginas su visión extensa, dual e inclusiva de dos personajes presentes en el arte, fuentes literarias y filosóficas. Con una voz que se intuye con una sonrisa permanente, Elisa Queijeiro es humanista y narradora. “Propone contenidos profundos y los vuelve fáciles, digeribles, haciendo que entre lo narrado y quién lo escucha se levante un puente y un espejo… ‘lo suyo es el conocimiento con sentido’”.

AS:      Elisa, gracias por consentir a hacer esta primera entrevista para Latino Arts Culture and Education Organization (LACE), la cual a manera de coincidencia resulta ser el génesis de este blog What if LACE? Somos una organización dedicada a desarrollar programas creativos y accesibles para toda la comunidad. De hecho, la estrella del norte que nos guía es “¿Qué tal si el arte fuera para todos?”.

EQ:     Es una emoción el coincidir, pues este libro, así como mi quehacer claramente en un principio lo fue, acercar el arte y la cultura de una manera cómoda y ágil, de tal forma que no fuera elitista sino que pudiera vincular a todos los públicos que así lo quisieran y conforme iba investigando y compartiendo, los temas se iban convirtiendo desde su raíz y desde su esencia femeninos, atendiendo el tema de la mujer, atendiendo la fuerza, la libertad, el reconocimiento femenino combinado justamente con el arte y la cultura.

AS:      ¿Cómo comenzar a escribir? No me refiero a la fuerza de las ideas que se atropellan por salir, hablemos del oficio y del rigor que los moldean y hacen una entrega estructurada y atractiva a la vez.

EQ:     Este libro es una co-creación que resulta la combinación profunda del oficio la dedicación o el compromiso conmigo misma y con mi trabajo, lo cual me llevaba a escribir siete a ocho horas diarias, no todas productivas ni creativas, pero si a un ejercicio en espiral que te lleva a tener un calentamiento hacia dónde va la idea hasta que la inspiración llega.
En el texto se ven momentos de información clara que se está comunicando, siempre con ese lenguaje sencillo. Pero también hay textos muy inspirados que están muy conectados y vienen acompañados del oficio y la dedicación de estas siete, ocho horas de escritura. Pero esas siete-ocho horas de escritura son el final: el libro representa cinco años de investigación previa y después dos de escritura. En estos cinco años yo tenía un rompecabezas: tenía todo Eva, en el análisis hermenéutico del texto y tenía todo Eva en el arte; y todo Eva en el tránsito de la historia y tenía a Lilith desde el punto de vista de las fuentes; pero también a Lilith como el símbolo perdido y a Lilith en el arte y también toda la investigación realizada sobre la investigación de la mujer a lo largo de la historia. Esos no necesariamente fueron cinco años investigando para el libro, fueron cinco años investigando primero, para mí. En ese momento estaba realizando estudios de investigación humanística, de literatura, historia y filosofía, haciendo una maestría en humanidades y entonces fue cuando decido que toda mi línea de investigación académica va a girar en torno a Eva, después me encuentro a Lilith, así que va en torno a las dos. Para convertirse en libro tuvieron que suceder muchas cosas porque esta investigación empezó a darse a conocer por partes: primero formó parte de un libreto para una obra de teatro que se llama “Espiando a Eva” luego en radio, luego en revistas, luego en periódicos, hasta que se concretó la idea del libro, se pusieron todos los elementos en el caldero y después es cuando se ordenó a manera de libro y fui tejiendo un capítulo con el otro, entendiendo el orden intuitivo que iba a ser más fácil, porque si bien Lilith viene antes que Eva, pero tendríamos que hablar antes de Eva porque no hay manera de entender a Lilith, si no entendíamos primero a Eva. Después terminar la investigación académica y después jugar a hacer la parte de los arquetipos, porque es casi un juego, intuitivo donde la mujer se pueda ver en una Eva y en una Lilith contemporánea ya no histórica, ya no mítica y preguntarse ¿Cuál Eva soy? ¿Cuál Lilith soy? Más que una investigación académica yo quiero llevarlo a delinear a la mujer del siglo XXI. ¡En ese momento digo “What!” pero lo voy creyendo y ha sido tremendamente lindo y que ha provocado la aceptación que no solo se convierte en la parte de información si no hacer de esta parte que tenga sentido.

AS:      ¿Cómo cambió tu primer libro tu proceso de escritura? Es decir, con qué idea comenzaste y finalmente que idea ves ahora con la obra ya terminada.

EQ:     Parte de la investigación que yo estaba haciendo sobre Eva tenía la inquietud de poder acercarse al arte, era una investigación sobre arte y Eva en el arte. Entonces decido hacer un libreto para un formato que se llama Microteatro y concursar y la obra gana y se produce: se llama “Espiando a Eva”. Ahí salían algunas de las pinturas en un libreto que sucedía en un cuarto de unas consagradas. Yo abrazo el ensayo literario y académico como la forma que me puedo expresar mejor y sería más bien la evolución de cómo comenzó el libro y como estamos hoy, creo que la evolución más importante fue atreverme a ser más personal, es decir no solo que se quedara en la parte académica de información valiosa, sino personal, al grado de hacer un puente con mi propia historia por lo tanto un espejo con quien lo pueda leer. Terminó siendo un puente y un espejo, con mi vida y con la investigación sobre Eva y Lilith.

AS:      En el capítulo 3, “Otra mirada para Eva”, en “Rescatando a Eva”, describes la primera vez que verdaderamente miraste a Eva, “Ella estaba en el suelo, tenía el cabello en la cara, mojado por sus propias lágrimas y por la lluvia de un cielo fuera del Edén. Estaba recién expulsada del Paraíso: se cubría el sexo con la mano y los senos también. Su mirada estaba oculta y tenía el pecho hundido por la vergüenza”. Te encontrabas viendo el fresco de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso de Tommaso Cassai Masaccio, pintado en la iglesia Santa María del Carmine en la Capella Brancacci, en Florencia, Italia. Mencionas que querías ir por Eva, “levantarle la cara, despejar sus ojos, decirle dulcemente, pero con firmeza al mismo tiempo: ‘No pasa nada; de verdad, linda, todo va a estar bien”. Este encuentro con este fresco, en una capilla angosta e íntima, tan vívido y con nuevo realismo emocional presente en el llamado Quattrocento italiano (a comienzos del siglo XV).  Era el rompimiento con el arte gótico que sucedió hace 600 años, pero 600 años después una mirada percibe el dolor de una pérdida. Hablemos un poco más de esa experiencia.

EQ:     Yo creo que el “sin aliento” es el mismo que en la anécdota que cuento al principio del libro, es la misma la Eva acusada, es la Eva separada de la divinidad, por lo tanto, separada de sí misma y de su propia luz, que creo es el proceso más doloroso de cualquier ser humano, la separación de su propia luz y para mí esa respuesta emocional puesta ahí, no era sólo del momento, es la que me llevé. Esa imagen me acompañó por muchos años era la imagen de mi Eva. Me parece que fue en mi lo que se vive en la mujer a lo largo de la historia que es la culpa. La doliente o la culposa me parece tan trascendental, porque deja de ser importante el pecado para el pintor, lo que está siendo importante es lo que siente esa mujer, esa mujer: Eva. Es Eva humanizada, clara muestra del cambio al Quatrocento, clara muestra de que la religión y ni Dios no eran lo importante o el centro, sino el ser humano. Entonces observarla, sentir las lágrimas de empapar a una amiga porque yo que estaba pasando por un momento tan doloroso. Pero lo más importante fue aceptar un poco después, cuando yo no me la podía quitar de encima esa imagen mientras estaba haciendo investigación que yo me sentía como esa Eva, que yo estaba atravesando, aunque estaba teniendo la fuerza y la voluntad de vivir una independencia, una fortaleza, estaba este aparente bien, la culpa la tenía insertada en mi corazón. Me sentía responsable del aparente fracaso del divorcio y me sentía responsable de lo que mis hijos estaban viviendo y me sentía responsable de no haber defendido lo que tuve que haber defendido en ese momento, pero fue precioso darme cuenta porque entonces dije ¿Por qué tengo una Eva tan culposa? ¿Qué tiene que pasar en mí para salirme de ahí? Y bueno lo que pasan son cinco años de investigación, cinco años de dedicación, cinco años de crecimiento personal hasta abrazar ese momento. La imagen la conocía desde las clases de arte de Renacimiento. El momento que yo vivo la reunión es otra vez esa imagen que me acompañó por muchos años. Donde nos dicen todas las Evas tenemos que dejar nuestra naturaleza a los pies del señor y convertirnos en sumisas. Es la imagen que me acompañó por muchos años. Hoy con la que me siento identificada mucho más profundamente es con la imagen de Michael Parkes, The Golden Serpent, yo la llamo la Eva conciencia. Esa es la relación en esa capilla donde aparentemente falta hasta el aire, pero al mismo tiempo el colorido, la firma del artista, la presencia de otros seres humanos ya está tan presente que el transito se hace. Pero la amiga que venía conmigo no sintió lo que yo porque ella estaba en otro lado de lo que yo estaba sintiendo.

AS:      Hablemos de Lilith. ¿Cuándo decidiste que Lilith necesitaba un capítulo completo?

EQ:      Cuando yo presento el proyecto, de hecho el proyecto al principio se llama “Las hijas de Eva” yo presento solo Eva, aunque ya tenía parte de la investigación de Lilith hecha, entonces yo quería hacer otro libro sobre Lilith. Primero solo de Eva y luego solo de Lilith y después conforme el material estaba junto, le dije a la editora “yo creo que van juntas” y me dijo “si, escríbelo”. Yo no presenté el libro completo a la editorial, yo presenté un proyecto, el proyecto venía acompañado de todo lo que implicaba: cuánto tiempo lo había investigado, dónde lo había utilizado, cuáles eran las respuestas que había recibido, y después del proyecto lo que me piden es el índice, para ver por dónde va. Una vez que está autorizado ese índice, aunque va a cambiar, la forma de trabajar de mi editora es “mándame el primer capítulo”. En el primer capítulo ve el tono la forma hacia dónde vas y después no te vuelve a ver hasta que acabas el libro. Yo si tuve que volverme acercar a decir “creo que vamos con Lilith”, ella me dijo- “va, si así lo sientes, hagámoslo”. Le presenté si el primer capítulo enfocado: hablaba de las biblias, hablaba del encuentro que mencionamos, el primer capítulo de Eva, y Lilith y así nos seguimos. Y así se incorpora Lilith, porque me doy cuenta que somos las dos mujeres. Es curioso, el libro toma vida, te va diciendo que sigue y para dónde vas, como cualquier obra. Tienes que estar dispuesto a escuchar la intuición y trabajando. Por eso decía Picasso que “si la inspiración va a llegar que me agarre trabajando”.

AS:      A partir del capítulo 5 propones 14 maneras de ver Eva, Lilith o a las dos.  “Así encontrarás 14 arquetipos -es decir imágenes, modelos, ideas o conocimiento del cual se derivan otros para modelar el pensamiento o actitudes de individuos y sociedades-, siete Evas y siete Liliths, tomados tanto del arte sumerio ancestral como de un bajo relieve medieval, de pinturas renacentistas o románticas, así como de soportes digitales y físicos de artistas contemporáneos”. Es notable que la visión sea abarcadora e inclusiva. Vas desde frescos en Italia hasta elegir una obra de un artista europeo pero que se encuentra en una colección del Museo de San Carlos en la ciudad de México, lo que convierte la elección en una local al ser la ciudad en la que vives, hasta artistas emergentes internacionales. De aquí en adelante, se presenta no sólo la investigación formal, sino ya una perspectiva propia. Hablemos un poco de cómo fue el proceso de selección de imágenes.

EQ:      Quería transitar por diferentes estados que tenía claro: el deber ser, la culpa, la libertad, la sensualidad. Fue un poco en dos sentidos, tanto lo que yo estaba buscando de la mujer, como lo que el arte me ofrecía y una parte muy cercana al gusto personal, a lo que me encantaba y había estudiado y comprendía bien. Como el bajo relieve de la Capilla de Autun, sobre todo con Eva, con Eva hay muchísimo, con Lilith no hay, hay muy pocas imágenes, en realidad son los Románticos del siglo XIX los que la pintan y también poder seleccionar del arte digital contemporáneo la esencia de Lilith con la misma dificultad que fue encontrar las fuentes. Lo más complejo de Lilith es son 16 siglos de historia y un mundo de fuentes que han sido secretas, prohibidas, entonces desenterrarlas e ir cruzando la información hasta tenerlas lo más certero, sustentado, objetivo y lo mismo en el arte que no se repitieran los estados. De hecho que si pudieran ser su contraparte. La selección fue así, tal vez un poco caprichosa, porque fue la que atraía. Creo que va haber una segunda parte, que se presta porque ya incluyo imágenes como la de Juan Soriano. Juan Soriano es de los pocos que presenta los dos árboles del Edén y que se explican ampliamente en el libro. La de Botero, a nivel de arte me dice una cosa, pero que tanto puedo hacer el puente a ese estadio de mujer. Entonces tendría que ver a que estadio de mujer va a transitar. Estoy contenta con las imágenes publicadas, porque estoy contenta con los estados emocionales de la mujer que atraviesan, por eso me gusta que haya un Klimt con toda la serenidad. Que este Christian Cloe que es un artista digital contemporáneo. Me gusta toda la parte espiritual de Michael Parkes, con quien iba hablar 15 minutos y acabé hablando 45 o más hablando solamente sobre Eva. Él tiene unos juegos sobre Eva, pero la más acertada era esta. Evidentemente Cranach la manera de poder plasmar la inocencia sin decir es inocente. Y bueno a lo mejor hay Evas mucho más antiguas de frescos romanos, que hubiera sido lindo incorporarlos como ese primer toque, pero me parece que la Eva de piedra, es la que mejor lo enmarca. Me siento contenta con las que quedaron. En el taller muestro los frescos romanos, sobre todo cuando hablo de la parte teórica, muestro a Soriano, ahí puedo jugar un poco más. Me encantó que fueran siete, siete de Eva y siete de Lilith. Me faltaba aún, la mujer madre, entonces por eso incluí un arquetipo aparte de las dos, que no es ni Eva ni Lilith, sino mujer y las dos en una.

AS:      ¿En qué momento descubres que el arte sana?

EQ:      Uno de los puntos es la conciencia cuando me doy cuenta que me aferré con esa imagen de Eva y hablar de Eva y que tenía esa carga de culpa y que era una absoluta proyección de lo que estaba sintiendo en ese momento, entonces me ayuda a ver qué es lo que tengo que sanar, gracias a verme como esa Eva me permite darme cuenta cual es la herida que hay que sanar. Hoy justo al recorrer los otros arquetipos, jugar con los otros arquetipos, te ayuda a que te veas en el espejo. La propuesta con los lectores y las lectoras es que no son etiquetas, son espejos. Y me encantó esta alegoría de que es como un paseo en el bosque, en unos estanques te puedes ver y en otros no y está bien. Yo creo que todos pasamos por todos los momentos unas veces más otras veces menos. Pero al terminar el libro y al ver mi recorrido, no solamente en el arte si no en la historia y en la literatura y en la filosofía, es decir en las humanidades completas, pero sobre todo en la historia y en el arte, cuando termino el libro, y volteo a ver mi tránsito en dos años y digo “el conocimiento es sanar”. Y porque empiezo a tener retroalimentación de los programas de radio, donde yo tocaba estos temas. A lo mejor yo estaba hablando de Remedios Varo y Leonora Carrington, o Clarice Lispector, pero la gente como hace un puente cuando tu les cuentas una historia, ahí me doy cuenta que el conocimiento no se trata de información acumulada sino de poder sanar, poderlo llevar a un plano más personal y poder sanar.

AS:      ¿Todo el arte tiene ese potencial?

EQ:      No sé si todo. El potencial está en que es una manifestación humana presentada a otro humano, debería de tenerla, pero no sé si al final todo lo logre.

AS:      Háblanos de la Eva de piedra, la Eva de Autun del siglo XII, que se encuentra en la Capilla San Lázaro en la Catedral de Autun, Francia y que se encuentra en tu libro.

EQ:      Me encanta porque es el deber ser y en el deber ser nos hemos quedado en ciertos procesos de nuestra vida por mucho tiempo. La religiosidad, no la religión –religión es religare, reunirse, reunirse con Dios, con la divinidad, o con lo que cada quien lo llame– pero la religiosidad es atorarse en un proceso lapidario. Aún cuando como digo en el escrito “las caderas se le quieren mover” me gusta la sutileza de ese texto, me encanta, porque vas justificando porque vive y así está en paz no puede tener la sonrisa dibujada, pero no entiende porque las caderas se le quieren mover desobedientes. Porque los ojos le desobedecen también, lloran solos ¿Por qué?  En el fondo sabe que toda sirena de piedra, quiere ser libre, me gusta porque siento que es muy contemporáneo y tiene una enorme libertad ahí. Entonces todas las mujeres que sigue ocultando su belleza tras los burkas, las pelucas, los vestidos largos, esos son los deberes ser que se ven externos, pero cuántos deberes ser ocupamos sin que se noten por fuera. Entonces es una imagen que pensé iba a ser muy lejana, pero cuando más la expongo a la gente, toca el corazón de muchas mujeres para decir “sigo ahí” o cuánto me ha dolido estar ahí. Acuérdate que crecimos para cumplir con lo que nos decían que teníamos que cumplir.

AS:      ¿Cuál fue el capítulo más difícil de escribir?

EQ:     Lilith fue un capítulo muy complicado, con todo y que ya tenía toda la información y toda la investigación no salía, literalmente “no salía” y te voy a decir por qué. Porque no había abrazado a mi Lilith, porque no había aceptado que yo también era Lilith, que yo también era nos, fuerza, límite. Cuando acepté que para que la luz se vea tienes que aceptar la sombra en la que también está: fluyó. Pero en un principio me costó mucho trabajo entrarle a Lilith, con todo y que ya tenía todo, estaba yo tan clara que tenía que hablar con ella, porque era darle voz a una mujer. Lilith para mí es la gran silente, lo que más trabajo me costó desenmarallar y hacer esta relación con Lilith para después poder hablar de ella.

AS:      ¿Cuál es el primer libro que te hizo llorar?

EQ:     Me conmovió profundamente es “Ojo de gato” de Margaret Atwood, pero lágrimas, ahora recuerdo dos: “Los pilares de la tierra”—extrañaba a los personajes, ya estaba tremendamente relacionada con ellos y lloré de que se acabara el libro—, y el otro, —que una de mis hijas me dijo, “lo tienes que leer, lo tienes que leer”, y yo así por dentro con esta soberbia intelectual de “no voy a leer una novela adolescente”, y cómo lloré con “Bajo la misma estrella” y no podía dejarla. Me encanta esa idea de tirar el birrete y hacernos de un lado de la academia. Me encantó la manera de que un hombre adulto pudiera meterse al lenguaje de una adolescente de 16 años con cáncer, y lloré profundamente cuando él se enferma.

AS:      ¿A qué libro siempre regresas?

EQ:     Clarice Lispector, los libros de Clarice, los cuentos, es un libro al que regreso. “Segundo sexo” de Simone de Beauvoir y a las “Las hijas de Eva y Lilith” (risas). Pero sobre todo a Clarice Lispector, regreso mucho de manera cotidiana, como referencia literaria, como distracción, admiración profunda, sobre todo a “El cuento de amor” o “Feliz cumpleaños”, también me parece grandioso, pero en general me gustan los cuentos de Clarice Lispector.

AS:      ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

EQ:   Estoy leyendo “La Malinche”, porque ya estoy en el que sigue. El siguiente libro va a hablar de las mexicanas, la idea es un poco como México de mis mujeres, mexicanas al grito de paz y quiero hacer un recorrido por la historia de México. ¿Qué onda con las princesas ofrendadas en los cenotes?, la verdad de la Malinche, ¿por qué tenemos esta relación con la monja?, o ¿por qué tuvo Sor Juana que renunciar a todo para hablar y qué nos dice de nosotras hoy, para poder hacer lo que ella quería. Las cortes, las “Adelitas” y luego las “Ficheras” de los setenta, quiero hablar de las intelectuales, para que podamos como mexicanas, vernos y entendernos y entender qué nos toca hoy. Entonces estoy leyendo varios libros de diferentes autores, desde Duverger —que él habla muy poco y eso me tiene un poco decepcionada— y mira que me gusta Duverger. De la Malinche estoy leyendo “Malinche. La Conquista vista por una esclava” de Juan Miralles. Y como novela, que a veces necesito desviarme un poquito quiero leer “Helena” de Paulina Vieitez, que es una novela ligera. Acabo de terminar, que me encantó y creo que sobre todos los chavos tienen que acercarse, “Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea”.

Nota de la autora: Para mi fue una coicidencia y gran privilegio platicar y conocer a Elisa Queijeiro. Agradecemos profundamente su generosidad de tiempo y conocimiento y no podemos esperar para participar en la presentación del libro en Casa Chapala por parte de LACE.